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“No me defienda, Compadre”
Es significativo el valor que tienen algunas frases para interpretar el mundo que nos rodea. Hace muchísimos años alguien dijo: “Las apariencias engañan”, y ¿Quién lo duda? Imaginando un poco, me atrevo a “asegurar” que los primeros seres humanos, antes de comunicarse por medio del lenguaje, se percataron de la atracción que ejercía en el sexo opuesto el cubrirse con la piel de un leopardo, un tigre u otro animal de pelaje vistoso, en lugar de hacerlo con la piel gris y opaca de algún elefante o con la de un rinoceronte. La pasión por la belleza desplazó la caza de animales de abundantes carnes y pieles resistentes, por otros más atractivos. Nació la estética y el engaño. Desde entonces se otorga mayor valor a lo aparente que a lo bueno, y hemos sido engañados por fabricantes, comerciantes y politiqueros. Cuando se mira la foto de Bush, Blair y Aznar en las Islas Azores, la apariencia conduce a creer que son tres felices amigos que disfrutan un chiste y no tres macabros asesinos que estaban decidiendo el envío de sus soldados y máquinas de guerra a asesinar a cientos de miles de iraquíes, y a saquear y destruir uno de los más importante patrimonios de la humanidad. La sonrisa de los tres, es la envoltura. El producto, es el petróleo. Cuando el Presidente Bush desciende del avión presidencial en New Orleáns con su perrito en brazo y muy risueño, la apariencia dice que llega para socorrer a los negros de una catástrofe y que es un hombre que ama a los animales. Si además, miramos a la señorita Rice en una lujosa tienda comprando costosos vestidos y zapatos, de inmediato creemos en el progreso de la raza negra en Estados Unidos de América y olvidamos que en esos instantes cientos de negros norteamericanos ya se habían ahogados o ahogaban en New Orleáns y decenas de miles habían perdido bienes indispensable para la vida. El momento de mayor prosperidad de la apariencia es durante las elecciones “democráticas”: Los candidatos visitan las villas miserias y hasta la tv acude; con su mejor sonrisa se abrazan y posan con personas escuálidas, que solo pueden mostrar una mueca porque carecen de sonrisa y de dientes, y regalan caramelos a niños desnutridos y parasitados. La apariencia es: “Todos somos iguales”, “soy quien te sacará de la miseria”, “soy el único bueno”. Promete, la gente lo cree y vota. Años después se repite el ciclo y lo peor: La gente sigue creyendo en la apariencia.
Después de tantos descubrimientos científicos, de la historia negra de las iglesias, y las mentiras políticas, el hombre sigue siendo en el Siglo XXI un ser de fe, aún no ha podido sustituir el mirar y el creer por el ver y el pensar. El hombre sigue siendo un creedor, por ignorancia o necesidad.
La primera creencia llega cuando nos dicen donde, cuando, y de quién hemos nacido; en cual familia estamos situados y hasta el nombre que alguien nos puso. Debemos creer y amar. Sin embargo, muchas veces descubrimos que existen otras versiones y recabamos la ayuda de los ADN para confirmar o negar nuestro primer acto de fe. La ciencia acude en ayuda de la verdad, pero ésta sigue siendo relativa. Desgraciadamente, esas cosas sucedieron durante las dictaduras militares que azotaron el cono sur de nuestro continente y aún permanecen muchos sin saber que sus “amantes progenitores” fueron torturadores y asesinos de sus verdaderos padres, o cómplices de esos crímenes.
En esto de hacernos creer no pueden faltar algunas iglesias,( fíjese bien, digo: iglesias, no religiones) , que levantan la cruz con un Cristo sangrante , echan a un lado el apostolado de éste a favor de los pobres y el rebaño obediente soporta las garras de los ricos por la promesa de que irá al cielo. Pero si alguien se atreve a desobedecer y denuncia las injusticias del sistema, como los de la Teoría de la Liberación, la cruz se transforma en mazo y es golpeado, consumiendo tal fuerza que no alcanza después para castigar a los pederastas. No obstante, continuamos escuchando boquiabiertos los sermones que nos llegan desde el púlpito, enriqueciendo sus ricas arca y creyendo de buena fe en la “buena fe” de los anticristos.
Sin duda, existe una alta correlación entre apariencia y creencia. Hay quienes, hablan, escriben y se visten de izquierdistas. Nos hacen creer que lo son y luego descubrimos que realmente no creen en el socialismo. Son seres que abogan por un socialismo que no ha existido, no existe y no existirá si depende de ellos, porque ningún socialismo satisface sus “ideas”. Los hay, que no han participado en la construcción de ninguno y lanzan ataques de expertos contra otros que hacen el intento de construirlo. Para ellos hay otra frase célebre: “Están con Dios y con el Diablo”, pero sirven a éste.
A pesar de todo, la sinceridad es una cualidad de la mayoría. Hay que seguir teniendo fe en el mejoramiento humano y luchar por un mundo mejor, pero habrá que decirle a algunos “amigos”: “No me defienda, Compadre”.
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